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Cuando la provocación deja de ser noticia: el Congreso a un paso de expulsar a Vito Quiles y Ndongo

13 de mayo de 2026 — diarioenred.es

La Cámara Baja se dispone a dar un golpe de autoridad frente a quienes, según diversas fuentes parlamentarias, han intentado camuflar activismo ultraderechista como labor informativa. Este miércoles, 13 de mayo de 2026, la Mesa del Congreso —con mayoría de PSOE y Sumar— prevé aprobar la retirada temporal de la acreditación de prensa de Vito Quiles y Bertrand Ndongo, señalados como presuntos responsables de infracciones graves del reglamento. La sanción podría extenderse hasta tres meses, aunque el reglamento contempla medidas más severas ante conductas reiteradas o de especial gravedad.

Qué se les atribuye

El expediente contra ambos ha sido instruido por el Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria, que considera probadas infracciones como:

  • Grabaciones no autorizadas de figuras institucionales (Zapatero y Sánchez) en zonas restringidas del Congreso.
  • Interrupciones violentas y hostigamiento verbal en ruedas de prensa.

Antecedentes y quejas acumuladas

La Mesa ya había iniciado formalmente el procedimiento tras múltiples denuncias registradas desde diciembre y marzo, tanto de la Asociación de Periodistas Parlamentarios como de grupos como Sumar o el PSOE. Los informes describen episodios en los que Quiles y Ndongo habrían convertido pasillos y despachos del Congreso en escenarios de persecución política y provocación sistemática, dificultando el trabajo de colegas acreditados.

Qué dice el reglamento

El reglamento interno del Congreso establece una escala de sanciones: una infracción grave puede conllevar la suspensión de la acreditación de 11 días a tres meses. En caso de reincidencia o daño grave al funcionamiento institucional, la tipificación pasa a “muy grave”, con sanciones de tres meses y un día hasta tres años, o incluso la revocación definitiva de la credencial.

Por qué se ajustaron las reglas

El cambio del reglamento en julio pasado reaccionó al modelo de “periodismo” representado por Quiles y Ndongo: medios digitales de pseudoactivismo, youtubers con acreditación parlamentaria y agresores de diputados en los pasillos. Desde entonces rigen límites claros: no se acreditará a plataformas digitales de menos de 10 personas; tampoco se permitirá la grabación por parte de redactores literarios ni de colaboradores de partidos.

Lo que está en juego

La decisión que previsiblemente anunciará hoy el órgano de gobierno del Congreso no solo es un ajuste institucional: es una defensa del derecho a la información, de los protocolos de respeto y de la convivencia en sede parlamentaria, frente a quienes confunden provocación con oficio. Si estas conductas persisten, el Congreso ya cuenta con herramientas para impedir que el decoro democrático sea pisoteado en nombre de la visibilidad o el escándalo.

La Sala de prensa podría recuperar así un espacio en el que los periodistas reales ejerzan su labor sin hostigamiento, sin carreras por acoso político y sin el bullying mediático que tanto daño ha hecho a nuestra democracia. El foco debe volver a la información, no a la provocación.

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