Se apaga una voz indómita: El Cabrero, pastor y cantaor libertario, muere a los 81 años
13 de mayo de 2026 – diarioenred.esEl mundo de la cultura española está de luto. José Domínguez Muñoz, conocido como El Cabrero, ha fallecido a los 81 años en Sevilla, tras una larga enfermedad. Su hijo comunicó la noticia en redes sociales. La capilla ardiente se ha instalado en el Teatro Municipal de Aznalcóllar, su tierra, y la familia ha pedido evitar una cobertura mediática indiscriminada, en coherencia con la sobriedad que marcó su vida.
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- Fallece en el Hospital San Juan de Dios del Aljarafe (Sevilla), a los 81 años.
- Capilla ardiente en el Teatro Municipal de Aznalcóllar.
- Pastor desde niño y cantaor de proyección internacional, fiel a una estética sin adorno.
- Compromiso libertario: colaboró con la CNT y fue condenado por blasfemia en 1982.
- Un ictus truncó su gira de despedida en 2019, titulada Ni rastro de polvo.
Una vida a contracorriente
Natural de Aznalcóllar, El Cabrero fue pastor desde niño, oficio que nunca abandonó ni siquiera cuando sus cantes cruzaron fronteras. Esa raíz campesina impregnó su arte: una voz áspera y mineral, sin concesiones al ornamento, que buscaba la verdad por encima del brillo. Cantó con la fuerza de quien ara la tierra: lento, desgarrado y auténtico, como si la voz naciera del barro y del sudor del campo. En fandangos, soleás o seguiriyas, su cante pedía libertad y justicia desde lo más hondo.
Popularidad y una despedida interrumpida
Su popularidad explotó durante la Transición, hasta convertirse en uno de los cantaores más reclamados de los años setenta y ochenta. Sin brillos prefabricados, su historia personal simbolizó una autenticidad insobornable. Poco después, un ictus truncó su despedida en 2019 —la gira Ni rastro de polvo—, aunque siempre sostuvo que cantaría «mientras le quedara voz».
«Mientras le quedara voz», dijo, y cumplió: su cante fue vida hasta el final.
Cantaor libertario con causa
El Cabrero llevó al cante una conciencia clara: compromiso con los jornaleros, reflexión sobre jerarquías y poder, y defensa de la dignidad individual. Colaboró con el movimiento anarquista y la CNT, y su libertad de pensamiento lo enfrentó al sistema: en 1982 fue condenado por blasfemia tras pronunciar una palabra maldita que desbordó el decoro oficial. Su canto era resistencia, y su resistencia, canto.
Un legado que nos interpela
Desaparece una voz irrepetible, de las que sostienen la memoria del mundo rural y el desafío al poder. Su muerte llega cuando el flamenco, el campo y la cultura son objeto de mercantilización. El Cabrero nos recuerda que otra dignidad es posible y que el arte puede brotar del silencio del olivar para devolvernos, sin adornos, a lo humano.
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