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Lola Herrera y el enigma del voto femenino a Vox: ¿una traición a sus propios derechos?

11 de mayo de 2026 · diarioenred.es

La veterana actriz Lola Herrera ha vuelto a alzar la voz ante el avance de Vox, especialmente entre parte del electorado femenino. Con firmeza, sostiene que “no tiene ningún sentido que las mujeres voten a quien va en contra de todos tus derechos” y advierte: “votan contra ellas mismas, contra sus propios derechos”.

“Me pondría un altavoz e iría por la calle alertando a todas las mujeres, por si hay alguna distraída”.

Su postura nace de una memoria íntima: fue nieta de una mujer maltratada, en tiempos en que los abusos eran “palizas monstruosas”. Desde esa experiencia personal, Herrera se erige en altavoz contra la ultraderecha, llamando a no olvidar de dónde venimos ni lo que costó conquistar derechos.


Los datos, en frío

La pregunta que lanza Herrera no es retórica: ¿por qué hay mujeres que votan a Vox? Las respuestas no son sencillas, pero las encuestas ofrecen pistas. Según el último barómetro de El País y la Cadena SER, el PSOE lidera la intención de voto de las mujeres con un 25,6 %, mientras que Vox alcanza un 14,2 %, cinco puntos por debajo del PP.

El panorama cambia entre las más jóvenes. Un estudio de 40dB indica que el 25,8 % de las mujeres de 18 a 24 años tiene intención de votar a Vox. Al mismo tiempo, datos del CIS y de 40dB sitúan el apoyo de las mujeres jóvenes en torno al 15 %, frente al 22,5 % de los hombres. La fotografía, por tanto, no es uniforme, pero sí apunta a una brecha de género clara.

Generación Z: memoria, identidad y desencanto

¿Qué explica la atracción de Vox entre parte de las mujeres jóvenes? Puede que, como sugiere Herrera, pese la desmemoria histórica de los derechos conquistados —“igual no somos conscientes de cómo era esa vida antes”—. También hay un voto ideológico interpelado por discursos identitarios, de miedo o de pertenencia. Vox ocupa con fuerza el terreno simbólico del “patriotismo” y la “unidad de España”, mensajes que encuentran eco entre quienes se sienten desencantadas con los partidos tradicionales.

Una interpelación incómoda, pero necesaria

Herrera lo resume con crudeza: votan contra ellas mismas. Desde una posición republicana, feminista, ecologista y defensora de los derechos humanos, la pregunta que deja en el aire es directa: ¿qué está fallando en nuestra pedagogía política y social para que haya quienes prefieren mirar hacia atrás?

El desafío que plantea es urgente y colectivo. No se trata de permitir que el patriarcado o la venta del miedo marquen el rumbo, sino de sostener, con memoria y argumentos, los avances logrados. En esta encrucijada, el pulso es entre memoria y amnesia, entre conquista y retroceso.

Que Lola Herrera, desde la experiencia y la emoción, se ponga en pie —con altavoz o sin él— es una llamada a no distraernos. Porque en juego no está solo una papeleta, sino el futuro de nuestras libertades.

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