Lavapiés resiste: el poder popular rechaza al fascismo en sus calles
11 de mayo de 2026 · diarioenred.es
La tarde del viernes 8 de mayo, el barrio de Lavapiés se alzó con fuerza ante una nueva embestida fascista. Más de 350 personas antifascistas, convocadas por colectivos como Sierra Antifascista y Madrid Antifascista, ocuparon la plaza de Tirso de Molina para defender el espacio público frente a una manifestación falangista que pretendía finalizar allí.
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Mientras tanto, la Delegación del Gobierno autorizó in extremis la marcha de Falange Española, limitando su recorrido desde la plaza de Callao hasta la Puerta del Sol. Su llegada a Lavapiés fue impedida por la movilización ciudadana y por un fuerte despliegue policial. Los organizadores falangistas apenas reunieron entre 150 y 400 manifestantes, un fracaso comparado con la presencia y la determinación antifascista.
La respuesta popular fue contundente: tres horas de permanencia en Tirso de Molina, evitando que la convocatoria falangista alcanzara su objetivo intimidatorio. La movilización defendió el carácter multicultural de Lavapiés, una trinchera de diversidad habitada por personas racializadas y disidentes que han tejido históricas redes de resistencia y solidaridad.
Este episodio se suma a una tendencia de intensificación del antifascismo organizado que ha frenado convocatorias similares en otras ciudades del Estado: desde Iruñea hasta Barcelona, pasando por València, Burgos o la Universidad Complutense de Madrid. El fascismo sigue fracasando frente a la movilización social autogestionada, cimentada en la solidaridad de base y en el internacionalismo que brota desde lo local.
Lavapiés vuelve a demostrar que la lucha contra el fascismo no es una cuestión simbólica, sino un compromiso vivo y palpable: plazas ocupadas, voces que no se silencian y consignas que no se apagan. Una visión de sociedad verdaderamente consciente, plural y en pie de lucha. Frente al miedo y la imposición, emerge la fuerza de lo común, de lo diverso, de lo humano.
La memoria antifascista de Lavapiés sigue viva. Hoy, más que nunca, el barrio es el reflejo de una comunidad que no se resigna: resistir es crear, y crear es resistir.
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