
El mito de que con Franco se vivía mejor: datos frente a la nostalgia
La frase ha vuelto a las tertulias y a las redes: “con Franco se vivía mejor”. No es un debate inocente: según el último barómetro con preguntas específicas sobre el franquismo, más de uno de cada cinco españoles valora como “buenos o muy buenos” aquellos años. Revisemos qué dicen los hechos y la memoria reciente.
1) Hambre y racionamiento: 1939–1952
Tras la guerra, España vivió los llamados “años del hambre”. Las cartillas de racionamiento rigieron entre 1939 y 1952 y la historiografía reciente es clara: la carestía no fue un infortunio natural sino el resultado de las políticas autárquicas del régimen.
La depresión de los cuarenta hundió el consumo y los salarios reales mientras florecía el estraperlo; recién a comienzos de los cincuenta se recuperaron niveles de vida previos a 1936.
2) Derechos y libertades: censura, tribunales especiales y lenguas prohibidas
El franquismo fue una dictadura: tribunales de excepción, leyes contra la disidencia y una censura persistente que amordazó a la prensa incluso tras la Ley de Prensa de 1966. La represión alcanzó a opositores, sindicalistas y demócratas; y el uso público de lenguas como el catalán fue prohibido o severamente restringido durante décadas.
3) Economía: el “milagro” llegó cuando la dictadura dejó de ser autárquica
El giro económico decisivo no fue el “genio” del franquismo, sino el Plan de Estabilización de 1959, que desmanteló la autarquía y abrió la economía a inversiones, turismo y tecnología. Desde entonces, sí hubo expansión, como muestran las series históricas y los estudios académicos.
Ese crecimiento se sostuvo en divisas del turismo y en remesas de emigrantes españoles. Las cuentas públicas muestran que los ingresos por turismo cubrían buena parte del déficit comercial y que las remesas pesaron entre el 5,6% y el 9,1% de la balanza de pagos a mediados de los sesenta.
Además, la “prosperidad” expulsó mano de obra: entre 1960 y 1973 emigraron alrededor de dos millones de personas a la Europa industrial; la crisis del 73 frenó esa diáspora y trajo retornos.
Mirando el largo plazo, España creció en los sesenta porque partía de niveles muy bajos y porque se integró —tarde— en los flujos económicos internacionales. Las series de PIB per cápita lo confirman.
4) Indicadores sociales: hoy se vive más y mejor
La mortalidad infantil en España rondaba todavía cifras de dos dígitos por mil nacidos vivos en los setenta; hoy es unas pocas muertes por cada mil. No es un matiz: es la diferencia entre un país con servicios públicos modernos y uno con carencias estructurales.
5) Las mujeres bajo el franquismo: tutela legal hasta 1975
Hasta 1975, una mujer casada necesitaba el permiso marital para abrir un negocio, firmar un contrato o administrar sus bienes. La igualdad jurídica comenzó con la derogación de esa licencia mediante la Ley 14/1975 y la lenta despenalización de figuras como el adulterio llegó después. No, no era “más fácil” ser mujer entonces.
6) Memoria y presente: la verdad enterrada… que estamos exhumando
El Estado español, en aplicación de la Ley de Memoria Democrática, ha recuperado miles de víctimas del franquismo y amplió en 2026 el periodo de reconocimiento y reparación hasta la fecha de entrada en vigor de la Constitución (29 de diciembre de 1978). Aún quedan miles de cuerpos por identificar.
Mientras tanto, la nostalgia organizada intenta blanquear la dictadura en redes y en actos públicos —algunos cancelados por universidades—, apoyándose en desinformación. La respuesta democrática pasa por más historia y más datos.
Mito vs. hechos
- Mito: “Había orden y prosperidad”. Hecho: hambre y racionamiento (1939–1952); crecimiento solo tras la apertura de 1959.
- Mito: “Había libertad si no te metías en política”. Hecho: censura, tribunales especiales y persecución de lenguas e ideas.
- Mito: “El paro era bajo”. Hecho: millones emigraron y muchas mujeres fueron expulsadas del mercado laboral por ley.
La democracia —con todos sus deberes pendientes— ha traído más longevidad, más derechos y más bienestar que cualquier etapa de la dictadura. Defender esa evidencia con pedagogía y datos es, también, un acto de justicia para quienes aún esperan ser nombrados y reparados.
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