
Un mural escolar y pasos colectivos mantienen viva la memoria de La Desbandá
7 de mayo de 2026 · diarioenred.esFebrero, plena Málaga, se materializa una exigencia ética: no olvidar, no callar, recordar para sanar. Estudiantes del Instituto Ben Al Jatib, en La Cala del Moral, inaguraron un mural dedicado a la Desbandá —esa huida infinita que, en febrero de 1937, vio cómo más de 120 000 civiles huyeron del horror franquista hacia Almería, siendo bombardeados desde tierra, mar y aire—. En la inauguración participó el ministro de Cultura Erik (Ernest) Urtasun, quien subrayó que el arte es una herramienta transformadora para combatir el silencio, situando el recuerdo como una «lección para España» frente a quienes dudan de los jóvenes como agentes de cambio. También estuvo presente Armonía Lamas, superviviente de aquel éxodo brutal.
Memoria democrática en marcha
En febrero de este año, bajo el lema “Voces que no callan”, se celebró la X Marcha Integral de La Desbandá, una travesía de más de 220 km entre Málaga y Almería. No es un gesto folclórico: es un acto político, pedagógico y popular —un puente entre generaciones que se convierten en narradoras y porteadoras de la memoria colectiva—. La iniciativa ha dislocado el silencio impuesto por la dictadura, denunciando que la carretera no es solo paisaje, sino escenario de un crimen contra población civil indefensa. El PSOE respaldó estas acciones y advirtió a las administraciones sobre los intentos de reescribir la historia, mientras que asociaciones memorialistas denuncian el auge del negacionismo como una amenaza al futuro democrático.
Cultura con compromiso político y empatía contemporánea
Somos herederos y herederas del deber de no permitir que el dolor se oculte. El mural, la marcha, las charlas en centros educativos y las ofrendas florales en puntos simbólicos como el Peñón del Cuervo demuestran que el pasado no queda atrás, sino que nos interpela hoy. Es aquí, entre pasillos escolares y caminos andaluces, donde aprendemos que la memoria no es un ejercicio académico, sino una urgencia colectiva, feminista, ecologista y republicana: capaz de desafiar al poder, de reivindicar derechos humanos y de construir culturas de paz.
La memoria histórica es nuestra brújula frente al fascismo actual—como en Gaza, Libano o Ucrania——y el arte es nuestra voz. Los estudiantes que pintaron ese mural no solo fueron artistas: fueron activistas con pinceles, herederos del compromiso con la verdad.
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