
Nacho Duato sacude el avispero con Alaska: ¿icono LGTBI o etiqueta ajena?
Choque de trenes en horario de máxima audiencia: el veterano coreógrafo cuestiona el relato de Alaska sobre no sentirse “icono” LGTBI y pone sobre la mesa una discusión vieja como el pop y nueva como un scroll. Mientras tanto, el plató se prepara para la tormenta perfecta: ambos orbitando el mismo late night, música en directo y polémica en bandeja.
Qué ha pasado
En los últimos días, Duato ha adoptado un tono sin ataduras que ya conocemos: dispara contra la complacencia cultural, se mofa de los tótems televisivos y no esquiva charcos. Su incorporación como colaborador fijo en un formato que presume de perspectiva feminista y LGTBIQ+ le da altavoz… y decibelios. Traducción: si alguien iba a decir lo que muchos piensan y pocos verbalizan, era él.
El meollo: ¿“icono” o palabra trampa?
Alaska lleva años defendiendo el individualismo frente a las etiquetas y, aunque su figura sea considerada referente pop, ha relativizado la idea de ser “icono” para un colectivo. No es una postura recién salida del horno: en entrevistas previas ya dejaba claro que no se ve en ese pedestal, una noción que vuelve una y otra vez cuando su nombre roza la militancia simbólica.
Además, en fechas recientes se ha reavivado el bucle mediático: titulares, reproches en redes y un “déjà vu” de la eterna pregunta sobre referentes, siglas y quién nombra a quién. Esa marejada explica por qué el dardo de Duato —apuntando a la “incoherencia” de negar la etiqueta mientras se capitaliza su historia pop— ha prendido tan rápido en la conversación.
Por qué importa (más allá del salseo)
- Representación vs. fetiche: convertir personas en eslóganes a veces simplifica luchas complejas. El “icono” brilla, sí, pero también encorseta.
- Memoria y presente: quienes abrieron puertas (con luces de neón y sintetizadores) no siempre quieren custodiar el museo. Y es legítimo.
- Televisión con pulso: el debate aterriza en un programa que presume de género, derechos LGTBIQ+ y crítica social. ¿Show o conversación real? Depende de lo que pase delante… y detrás de cámaras.
La frase que duele
Que te llamen “incoherente” escuece, claro. Pero también abre una puerta útil: preguntarnos si pedimos a los artistas coherencias que no exigimos a los políticos, si confundimos biografía con manifiesto o si la industria canoniza con una mano lo que explota con la otra. Y aquí nadie sale ileso: ni el personaje, ni el público, ni los medios (hola, algoritmo).
Mientras tanto, nosotros seguiremos haciendo lo que toca: menos culto al tótem y más foco en derechos, diversidad y vidas reales. Y si hay que bailar, se baila. Pero sin pisar a nadie.
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